Red Refleja

Todos los que sentimos ser personas de bien integramos esta red constituyéndonos en practicantes, difusores y responsables del desarrollo de la Vibración Amor en la Tierra.


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“No existe ropa de marca, maquillaje ni cirujano plástico que puedan transformar una mirada triste. El amor sí lo puede.” (Marcela Parolin)

 

Dar Oportunidad al Amor

Por Marcela Parolin

Sucedió hace unos años. Estaba brindando una serie de talleres “Transformaciones amorosas” en Buenos Aires y el interés del público iba en aumento gracias a las recomendaciones, así que seguíamos agregando fechas. Trabajamos con grupos reducidos, de ese modo cada persona puede, si así lo desea, expresar y compartir los temas que elige transformar para mejorar la calidad de vida. Estos talleres son sencillos y a la vez profundos.
Para ese sábado a las cuatro de la tarde no había más cupo.
Estábamos con mi familia en casa cerca de las dos de la tarde cuando suena el teléfono y me pasan la llamada. Era una señora a la que se la notaba muy nerviosa, ella decía que se había hecho presente en el sitio del taller y que no había nadie en el lugar para recibirla. Amablemente le indiqué que se había adelantado porque la recepcionista iba a llegar en hora y media, dado que faltaban dos horas para el taller. La señora empezó a manifestar su enojo alegando que en la promoción se indicaba el inicio del taller para las dos de la tarde. Nuevamente le aclaré que no era así y le sugerí que se de un paseo por la zona tan linda de Belgrano hasta que llegásemos. Dijo que se iría a su casa porque éramos unos irrespetuosos.

Las personas que estaban conmigo en casa me sugerían que le devuelva el dinero de la inscripción porque esa señora arruinaría el clima del taller. Y yo pensaba que la sola asistencia de esa mujer justificaría mi trabajo de esa tarde, sentí que ella necesitaba ayuda y no me equivoqué.

Minutos antes de la actividad estaba yo preparada feliz para recibir a los nuevos amigos, si existen momentos felices en mi vida son aquellos en donde estoy en acción. El salón en donde se llevaban a cabo esta serie de talleres estaba en un primer piso, escalera mediante. Faltando cinco minutos para las cuatro, la recepcionista me avisó que alguien gritaba desde la puerta. Y escuché la misma voz que la del teléfono quejándose porque había escalera y no le habíamos avisado. Bajé a ayudarla, por un momento pensé que tendría alguna discapacidad que le complicase en acceso pero no, así que le di la bienvenida con un abrazo al que se resistió y le agradecí que se haya dado la oportunidad al asistir al taller.
Era una señora de unos sesenta años, se notaba que había sido bella, de hecho lo seguía siendo. Llevaba un corte de pelo que no tenía que ver con su edad, carré de un lado y largo del otro, y que la hacía una extravagante rubia platinada. Le pregunté como había llegado a nosotros y me indicó que una amiga se lo había obsequiado. Le aseguré que no se había equivocado al venir pero que no estaba obligada a quedarse, que si deseaba era libre de retirarse en el momento que quisiese.

La gente que llega a Refleja lo hace siempre con una actitud amistosa. Convocados desde el movimiento que está alineado con la filosofía del amor, logran llegar con buena onda y predisposición que prima en cada viaje o encuentro, más allá del dolor o sufrimiento que conlleve cada individuo, sabe bien que allí estará cuidado y contenido.

Comenzamos el taller. Esta señora, la llamaremos M., se sentó en el último lugar, al fondo de la sala, de brazos cruzados y con cara de fastidio. Entre varios ejercicios, los asistentes escriben en unas planillas guías que les entregamos, ella no lo hizo. La invité a hacerlo y ni siquiera me respondió, sólo me estudiaba con ceño fruncido. Tampoco quiso participar en las dinámicas. Estaba paralizada. Sin embargo yo notaba que cada vez se aflojaba un poco más, aún con actitud distante, sentía que se aliviaba y empezaba a confiar en mi influenciada por la energía que reinaba en el lugar.
Decidí entonces hacer un ejercicio en donde todos compartimos las cosas lindas que vemos en el otro. M. se mantuvo reservada en opinar sobre los demás pero cuando le tocó a ella ser la receptora de los “regalos” fue un momento mágico, se abrió como una flor que era regada con agua fresca. Como les dije antes, este momento único e irrepetible justificó todo el trabajo de esa tarde porque M finalmente se había dejado acariciar por pensamientos, palabras y gestos de amor del grupo. Comenzó a brillar. Sólo los que asisten a este tipo de “transformaciones” pueden entender la magnitud de los que les estoy relatando.
Cantidad de veces cruzamos personas que son agresivas y, en realidad, lo que esconden, es mucho dolor que manifiestan con ira. Están vibrando en otro nivel más bajo y si por un momento podemos acercarlos al nuestro, es como darles de probar una cucharadita de dulce, ¡quieren más!


Los seres humanos somos como antenitas y por Ley de Afinidad atraemos más de lo mismo que estamos proyectando.
M se soltó, comenzó a contar sobre su vida, problemas de salud y una gran estafa que la dejó prácticamente en la calle. No se puso en el rol de víctima al que acuden muchos y desde donde se niegan a salir, ella estaba realmente dolida y no había podido encontrar la salida. M había sido productora de cine y nunca le faltó nada, bueno, eso era lo que ella creía porque le faltó conexión espiritual que es lo que nos mantiene en pie cuando todo lo demás cae. M estaba muy emocionada y ella misma se acercó a brindarme ese abrazo que casi rechazó a su llegada, además abrazó a cada uno de los asistentes. ¿Fue mágico? Si, puede ser que se lo exprese así, pero sabemos que no lo fue, fue efecto de una causa: la de darse una oportunidad y, aún con molestia, dejar que la guíe a este nuevo estado. Nadie puede ayudar a quien no desea recibir ayuda, y yo sentí que esta mujer la pedía a gritos desde el mismo momento en que llamó temprano a casa para quejarse.
Una sugerencia: este ejercicio no es aplicable a todos por igual, precisa de un entrenamiento y armonía vibratoria. Nunca te enfrentes a las personas agresivas, a la distancia puedes proyectarles luz a su mente y veras como también resulta. Ya me contaras!
Desde el amor y al servicio del Amor,

 

Marcela Parolin
Liderazgo a través del amor.
¡Refleja!
www.refleja.com
Desde Buenos Aires, Argentina, al Universo.