Red Refleja

Todos los que sentimos ser personas de bien integramos esta red constituyéndonos en practicantes, difusores y responsables del desarrollo de la Vibración Amor en la Tierra.


Click para ampliar imagen

“No existe ropa de marca, maquillaje ni cirujano plástico que puedan transformar una mirada triste. El amor sí lo puede.” (Marcela Parolin)

 

¿Amarnos para toda la vida?

Por Marcela Parolin

Hemos sido educados por generaciones de otras épocas. Bajo el cuento de princesas que eran rescatadas de los castillos por apuestos príncipes que las harían inmensamente felices y con el único fin de casarse, conformar un cálido hogar - como el de las publicidades - y tener muchos niñitos sanos, fuertes e inteligentes. Cuando una pareja decidía unirse debía ser para toda la vida, sin excepción. Las personas que quebraban ese mandato eran mal vistas y condenadas por la sociedad, de hecho en algunas culturas primitivas, aún sucede.

Las épocas han cambiado. La princesa ya no necesita ser rescatada de la torre y tiene aspiraciones propias. El príncipe también cedió a la presión de tener que ser aquel que salva a la dama para que ella logre ser feliz. Y ambos se relajaron. El modelo de la media naranja caducó por peso propio.

Las relaciones de co-dependencia emocional dañaron a muchas parejas, la humanidad está evolucionando y dando comienzo a una nueva era también en esto de los vínculos amorosos. Ya no son dos medias personas (incompletas) que se unen para llenarse del otro, sino que son dos personas completas que eligen, con amor,  responsabilidad y compromiso mutuo, recorrer este trayecto del camino, juntos. Que sean completas significa qué cada una, naturalmente, pueda ser feliz aún sin el otro. Es trascendental que no depositen sus expectativas en el disfrute ajeno, sino que ambos unan sus felicidades para generar un lugar de verdadera comunión.

Desde ese espacio sagrado, surge todo lo demás.

El apoyo mutuo, el respeto por el pensamiento, la acción y elección del par, la sensación de ser comprendido y aceptado aún con las respectivas limitaciones, es la base para una relación duradera.

No creo en el amor para toda la vida o en el amor de mi vida, tal cual suelen llamarlo. Considero que esas frases fueron expresadas desde el amor pasional, el de los instintos primarios, y ya hemos madurado. En esas épocas, la expectativa de vida era cercana a 40 años, el camino era más corto y la opresión y sumisión de la mujer hacía posible que las relaciones durasen, sí o sí, para toda la vida.

Hoy no. La expectativa de vida de un ser humano se ha duplicado. Y cada persona va transitando distintas etapas. La evolución espiritual, social e intelectual de cada uno de los seres que componen la pareja no es la misma, distinto es el ritmo y van apareciendo desvíos que demoran el crecimiento parejo.

Sabemos que la esencia de cada uno de nosotros es Amor. Y la vibración del amor en este plano de forma también ha evolucionado a medida que se han vivido experiencias de aprendizaje que permitieron sutilizar un poco más nuestro sentir.
Tiempo atrás, los seres humanos manteníamos relaciones primitivas en donde lo físico tomaba el rol preponderante, creábamos relaciones apoyados en el amor propio como eje, permitiendo que fuera la emoción la que regía nuestras vidas y nuestras reacciones, obteniendo como resultado en la mayoría de los casos, frustraciones y dolor.

Hemos crecido. A través de esas experiencias dolorosas, el ser humano fue incorporando cierta sabiduría que le permite, en la mayoría de los casos, dar un paso más en esto de la evolución de las relaciones.

Claro que aún siguen vigentes muchas personas atadas al modelo anterior que está relacionado con los mandatos culturales, los modelos mentales impuestos y el culto al ego. Una persona que ame verdaderamente a la otra no ejercerá coerción de ningún tipo.

Si ambos miembros de la pareja logran comprender esto, aceptar al otro en su distinto grado de evolución y aún así elegir permanecer juntos, pueden tener una relación para toda la vida. Sino, será por el tiempo que tiene que ser hasta que uno de los dos diga basta.

La mayor manifestación de amor es dejar al otro libre.

El pretender retenerlo a nuestro lado es perjudicial para la pareja. La elección debe ser mutua. Y si aún libres, se siguen eligiendo mutuamente, la armonía reinará en ese hogar que sí se llenará de hijos felices, criados por padres que están juntos por elección y no por obligación.

Es momento de Amar, así con mayúsculas. No podemos seguir demorándonos en este camino de la evolución de la humanidad, es imperioso que despertemos a relaciones sanas y no sólo en referencia a la pareja, sino a los hijos, a los amigos, a los compañeros de trabajo…

Te invito a que reflexiones acerca de: si puedes soltar a tu pareja, o qué sería de ti si ella decide soltarte algún día. Si crees que tu vida se derrumbará, entonces te sugiero que trabajes en ti mismo, en tu transformación personal hacia el Amor porque aún no estás maduro para una relación sin dolor.

Desde el amor y al servicio del Amor,
Marcela Parolin
Liderazgo a través del amor.
¡Refleja!
www.refleja.com
Desde Buenos Aires, Argentina, al Universo.